Aunque parezca sorprendente, la Biblia tiene mucho que decir acerca de cómo ser un buen vecino o buen “prójimo”. La palabra “prójimo” proviene del latín proximus, que significa “próximo, siguiente”, como lo son nuestros vecinos en forma literal.
Sin embargo, este concepto va mucho más allá de las personas que viven en nuestro vecindario y tiene mucha importancia desde el punto de vista bíblico. De hecho, Cristo ilustró cuán importante es ser un buen “vecino” con una parábola, explicando que es incluso un requisito para heredar la vida eterna.
En cierta ocasión, un intérprete de la ley le preguntó qué debía hacer para recibir la vida eterna y, sabiendo que el hombre conocía muy bien la ley de Dios, Cristo respondió con otra pregunta:
“¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:25-27).
Su respuesta fue la correcta; y como Cristo le dijo, eso era exactamente lo que debía hacer. Pero, tratando de justificarse, el intérprete volvió a preguntar: “¿Y quién es mi prójimo?” (vv. 28-29).
Entonces, Cristo aprovechó la oportunidad para relatar una parábola que se oponía fuertemente a algunas de las creencias judías de la época. Los fariseos creían que no tenían la responsabilidad de ser buenos “vecinos” o buen prójimo más que con sus compatriotas. “Los fariseos estipulaban que sólo los ‘judíos’ eran sus prójimos, y sus obligaciones no se extendían hacia los gentiles” (comentario de Lucas 10:29).
La parábola con la que Cristo respondió la pregunta del intérprete de la ley —“¿Y quién es mi prójimo?”— es la parábola del buen samaritano, historia de un hombre que fue asaltado, herido y tirado en el camino por unos ladrones (vv. 30-37).
Cuando esto sucedió, los primeros dos viajeros que pasaron y lo vieron —aunque tal vez sintieron lástima por él y le desearon lo mejor— no tuvieron el tiempo ni la voluntad para ayudarle. Lo peor de todo es que uno de ellos era un sacerdote y el otro un levita, hombres que deberían haber dado el ejemplo de lo que significa ser un “buen vecino”.
Pero fue el samaritano —pueblo despreciado por los judíos— el que, además de sentirse mal por el hombre, tuvo compasión de él y permitió que su compasión actuara. Luego de curar sus heridas, lo llevó a una posada y se aseguró de que le dieran todo el cuidado necesario para reponerse. Al irse, pagó la cuenta y le dijo al dueño que le pagaría cualquier gasto extra si fuese necesario.
El relato no dice que el samaritano hizo todo esto después de preguntar por la identidad, raza o nacionalidad del hombre. Tampoco dice que sus actos hayan sido una retribución por alguna buena obra que le hicieron o un intento por reivindicar al pueblo samaritano ante la opinión de los judíos. Nada de eso; el samaritano simplemente fue un “buen vecino”.
Esto por supuesto debió incomodar bastante al intérprete de la ley; más aun cuando Cristo le preguntó quién de los tres había sido el prójimo del hombre herido y “El dijo: El que usó de misericordia con él” (Lucas 10:37).
Otra respuesta correcta, pero una que probablemente le costó más admitir. Finalmente, Cristo le dijo: “Ve, y haz tú lo mismo” (v. 37).Fuente: http://vidaesperanzayverdad.org/
Aquí y ahora en Villa del Sur 1 ¿Hace falta ser un buen vecino? Veamos.
Aquí en Villa Bahía sufrimos la guerra económica, la inseguridad y los problemas de los servicios públicos. Le pregunto: ¿Hace falta una “Campaña de Buen Vecino”? Existen 14 pasos para lograrlo y en Villa del Sur 1 lo haremos público, notorio y comunicacional a través de boletines educativos de la FUNDACION REGRESO AL CAMPO. Allí está el PATIO LIMPIO Y PRODUCTIVO, solución que resuelve el problema de la basura, el bote de aguas a la calle y enfrenta la guerra económica cuando resuelven la provisión de hortalizas en nuestras propias casas y futuro adiestramiento para el regreso al campo. Este proyecto busca resolver el desempleo, la pobreza y el hambre.
Sin embargo, este concepto va mucho más allá de las personas que viven en nuestro vecindario y tiene mucha importancia desde el punto de vista bíblico. De hecho, Cristo ilustró cuán importante es ser un buen “vecino” con una parábola, explicando que es incluso un requisito para heredar la vida eterna.
En cierta ocasión, un intérprete de la ley le preguntó qué debía hacer para recibir la vida eterna y, sabiendo que el hombre conocía muy bien la ley de Dios, Cristo respondió con otra pregunta:
“¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:25-27).
Su respuesta fue la correcta; y como Cristo le dijo, eso era exactamente lo que debía hacer. Pero, tratando de justificarse, el intérprete volvió a preguntar: “¿Y quién es mi prójimo?” (vv. 28-29).
Entonces, Cristo aprovechó la oportunidad para relatar una parábola que se oponía fuertemente a algunas de las creencias judías de la época. Los fariseos creían que no tenían la responsabilidad de ser buenos “vecinos” o buen prójimo más que con sus compatriotas. “Los fariseos estipulaban que sólo los ‘judíos’ eran sus prójimos, y sus obligaciones no se extendían hacia los gentiles” (comentario de Lucas 10:29).
La parábola con la que Cristo respondió la pregunta del intérprete de la ley —“¿Y quién es mi prójimo?”— es la parábola del buen samaritano, historia de un hombre que fue asaltado, herido y tirado en el camino por unos ladrones (vv. 30-37).
Cuando esto sucedió, los primeros dos viajeros que pasaron y lo vieron —aunque tal vez sintieron lástima por él y le desearon lo mejor— no tuvieron el tiempo ni la voluntad para ayudarle. Lo peor de todo es que uno de ellos era un sacerdote y el otro un levita, hombres que deberían haber dado el ejemplo de lo que significa ser un “buen vecino”.
Pero fue el samaritano —pueblo despreciado por los judíos— el que, además de sentirse mal por el hombre, tuvo compasión de él y permitió que su compasión actuara. Luego de curar sus heridas, lo llevó a una posada y se aseguró de que le dieran todo el cuidado necesario para reponerse. Al irse, pagó la cuenta y le dijo al dueño que le pagaría cualquier gasto extra si fuese necesario.
El relato no dice que el samaritano hizo todo esto después de preguntar por la identidad, raza o nacionalidad del hombre. Tampoco dice que sus actos hayan sido una retribución por alguna buena obra que le hicieron o un intento por reivindicar al pueblo samaritano ante la opinión de los judíos. Nada de eso; el samaritano simplemente fue un “buen vecino”.
Esto por supuesto debió incomodar bastante al intérprete de la ley; más aun cuando Cristo le preguntó quién de los tres había sido el prójimo del hombre herido y “El dijo: El que usó de misericordia con él” (Lucas 10:37).
Otra respuesta correcta, pero una que probablemente le costó más admitir. Finalmente, Cristo le dijo: “Ve, y haz tú lo mismo” (v. 37).Fuente: http://vidaesperanzayverdad.org/
Aquí y ahora en Villa del Sur 1 ¿Hace falta ser un buen vecino? Veamos.
Aquí en Villa Bahía sufrimos la guerra económica, la inseguridad y los problemas de los servicios públicos. Le pregunto: ¿Hace falta una “Campaña de Buen Vecino”? Existen 14 pasos para lograrlo y en Villa del Sur 1 lo haremos público, notorio y comunicacional a través de boletines educativos de la FUNDACION REGRESO AL CAMPO. Allí está el PATIO LIMPIO Y PRODUCTIVO, solución que resuelve el problema de la basura, el bote de aguas a la calle y enfrenta la guerra económica cuando resuelven la provisión de hortalizas en nuestras propias casas y futuro adiestramiento para el regreso al campo. Este proyecto busca resolver el desempleo, la pobreza y el hambre.
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