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RESPONSABILDAD SOCIAL

Para entender este tema no tenemos duda de que la Ley de Dios (Diez mandamientos) establece un 40% al culto y adoración, incluido el sábado semanal o reposo, y 60% a los proyectos sociales. ¿Por qué? Porque los primeros cuatro mandamientos son para Dios, y los seis restantes para demostrar que amamos a nuestros hermanos pobres así como decimos amar a Dios por entregar a su Hijo en la cruz del Calvario por nuestra rebelión y pecados.

Esta responsabilidad social quedó establecida en las palabras de Cristo cuando exigió dar a Dios ese culto y tener responsabilidad con el Estado: “Dinos, pues, qué te parece: ¿Está permitido dar tributo a César, o no? Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: -¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo. Ellos le presentaron un denario. Entonces les preguntó: -¿De quién es esta imagen y la inscripción? Les dijeron: -De César. Y les dijo: -Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Al oírle se maravillaron, y dejándole se fueron” (Mateo 22: 17-22).

Las leyes de esa época no contemplaban ni la democracia para elegir los gobernantes, mucho menos el socialismo, ni la vida comunitaria. Mas, como coincidiremos, llegó una nueva era de cambios socio políticos aceptados tanto en Rusia como en China, dos grandes súper potencias que dieron un paso adelante al comunismo. Evolución política que le ha costando a la civilización siglos de lucha, tal como fue profetizado y que hoy miramos al insurgir la Teología de la Liberación desde América Latina y que el Vaticano ya favorece. Así lo anunció el profeta: “Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces y diga el débil: “¡FUERTE SOY!” (Joel 3: 10).

En tanto que miramos esos cambios sociales, las luchas y las guerras, hoy podemos descubrir que nuestro Señor Jesucristo nunca quiso dejar a su iglesia sin la revelación suficiente. La iglesia primitiva vivió la vida comunitaria, pero la persecución impidió el fortalecimiento de esas experiencias. La historia bíblica la revela: “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común”. “Todos lo que había creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas.” (Hechos 4: 32; 2: 44).

La causa de Cristo es la causa de los pobres. Es la obra humanitaria que él realizó. Es la obra de llevar salud a los pueblos. Porque el ser humano tiene necesidades intrínsecas, que ahora la ciencia médica coloca como prioridades. Somos seres biopsicosociales con responsabilidades ambientales y espirituales. De allí que la Organización Mundial de la Salud afirma: “La salud es el completo bienestar de lo físico, lo mental, lo social no solamente la ausencia de enfermedad o dolencia.”

La abundancia que Cristo ofrece está muy bien definida: Porque prometió: “De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi causa o por causa del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo: casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en siglo venidero la vida eterna. Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros” (San Marcos 10: 29-31).

Ser responsables socialmente es dar a los pobres lo que necesitan para resolver el desempleo, la pobreza y el hambre. El rey sabio Salomón lo confirma: “A Jehová presta el que da al pobre¸ el bien que ha hecho se lo devolverá” (Prov. 19: 17).
     



  

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